domingo, 18 de septiembre de 2011

Eduardo Tragapalabras. Capítulo 8. "Las brujas del Clan del Libro".

Pero estaba tratando a Eduardo como si de una bruja más se tratara y él era perfectamente consciente de que no era así. No era una bruja y nunca lo sería. Así que reunió fuerzas y cerró el libro con un tremendo estruendo.
Con el corazón aún en un puño trató de averiguar cómo demonios iba a trasladar aquella monstruosidad de libro por el colegio y que pasara desapercibido. Le pareció una hazaña imposible. Así que tendría que arreglárselas para atraer hacia aquel lugar a alguien que pudiera creerle.

A unos pocos kilómetros de allí un grupo de mujeres feas y gordas se puso en movimiento, rumbo al colegio de Eduardo. Al fin podrían llegar al Gran Libro. A pesar de que había permanecido en secreto durante siglos, las brujas habían desarrollado un gran olfato para llegar hasta él y con cada cambio de viento recuperaban o perdían el rastro. Por eso su búsqueda estaba íntimamente ligada al tiempo. Pero estoy segura de que te estás preguntando en estos instantes algo así como: ¿pero de dónde salió ese libro? Pues mira, te voy a contar la historia del bien llamado Gran Libro.
Hace miles de miles de años, un grupo de mujeres llamadas Las Primeras, conocedoras de los secretos insondables de la naturaleza, se aislaron del resto de la civilización y en secreto, lograron perfeccionar muchas de las pócimas que ellas mismas habían inventado, entre las que destacaba una que ansiaban por encima de todo: la de la eterna juventud. Pero para ponerla en práctica tenían que utilizar niños, los seres más inocentes y frágiles de la tierra en cuyas pequeñas manitas está el futuro del mundo, y eso las llevó a su perdición. Fueron perseguidas durante mucho tiempo y las que se mantuvieron a salvo decidieron escribir la receta y esconderla en un lugar seguro para que algún día sus sucesoras pudieran realizarla al fin y así alcanzar la inmortalidad y darle su merecido a aquellos que las habían perseguido. Pero entre sus propias descendientes surgieron clanes que se negaron a alcanzar la inmortalidad con ese fin tan despiadado, y se opusieron a que ese Libro acabara en manos de brujas malvadas. Por ese motivo, las opositoras robaron el Libro pero no lo pudieron destruir porque estaba bañado en sangre de niños raptados antes de que las atrocidades de las brujas fueran descubiertas. Así que optaron por custodiarlo y luchar con sus vidas si era necesario para que las fervientes seguidoras de las Primeras no lo tuvieran en su poder. Como las persecuciones nunca cesaron ni para unas ni para otras, el Libro cambiaba de lugar cada dos por tres y así se ha mantenido hasta hoy. Su último refugio: el interior de un pequeño colegio, y sus guardianas y por tanto protectoras de los niños: El Clan del Libro, brujas disfrazadas de profesoras, directoras e incluso guapas bibliotecarias.
Pero claro, Eduardo no sabía nada de esto, aunque no tardaría mucho en descubrirlo, y cuando oyó el eco de unos pasos que se apresuraban hacia aquella sala el corazón volvió a ponérsele a cien. Buscó un escondite pero en aquella sala circular era imposible hallarlo. Las pisadas sonaban cada vez más cerca. Eduardo confió en su capacidad de camuflaje en las sombras y se quedó en la zona más alejada de la entrada para evitar que la luz del exterior pudiera delatarle. Se apretujó contra la pared y sintió una humedad pegajosa que le trepaba por el cuerpo como si fuese una enredadera invisible. Cuando las voces de Rosana, la bibliotecaria, y de la directora Mariángeles inundaron la sala, Eduardo no supo cómo reaccionar. ¿Qué estaba pasando allí? Nuestro protagonista aguzó el oído para no perderse ninguna palabra de la conversación.
- Hermana, ha cambiado la dirección del viento y nos han descubierto. El Clan de la Búsqueda Incesante ya está aquí- la voz de la directora sonaba extremadamente preocupada. Tanto que a Eduardo le dio pena y le entraron unas ganas tremendas de ayudarla. ¡y eso que era la directora! Pero lo que dejó mosca a Eduardo era eso de “hermana”.
- ¿Y qué podemos hacer? ¿Escapar como hemos estado haciendo hasta ahora? No, hermana, estoy cansada- la dulce voz de Rosana también sonaba preocupada y algo desesperada.
- ¿Y qué propones?
- Ninguna de las soluciones que se plantean en mi mente me resulta satisfactoria pero me niego a seguir huyendo.
- Por lo que veo, has encontrado un motivo para quedarte en este colegio- en la voz de la directora había ternura.
- Sí. Quiero a esos niños. Son mi vida y sé que mi destino es luchar por ellos, porque sigan viviendo; aunque eso suponga deshacerme de mis poderes para siempre o incluso la muerte- ahora la voz de Rosana no parecía para nada asustada sino decidida.
- Pero hemos de contar con las demás. Todo nuestro Clan está en juego y el futuro de los niños humanos también. No es una decisión que se pueda tomar a la ligera.
- Sí, pero no nos queda mucho tiempo. Ya están en camino.
- Convocaré a las demás.
Eduardo sentía que no podría aguantar mucho más tiempo en aquella posición tan incómoda. Además había empezado a sudar hacía tiempo y cuando la entrada a la sala se abrió por segunda vez dejando entrar una fría ráfaga de aire, no pudo reprimir los estornudos por mucho tiempo. Aunque sí lo suficiente para ver por el rabillo del ojo a una cantidad no despreciable de mujeres a las que evidentemente conocía por ser profesoras del colegio o estar relacionadas de algún modo con éste. Allí estaban a parte de Rosana y Mariángeles, las maestras de los parvulitos, Elena y Lola, la profesora de historia, Victoria se llamaba, la temible señora de la limpieza, Raimunda, y ¡la bruja Margarita! Eduardo se impacientó porque había cosas que se le escapaban en aquel turbio asunto. Pero todas aquellas preocupaciones parecieron disiparse al ver que la madre de su mejor amigo, Manuel, estaba en el grupo. ¿Se podía saber por qué estaba allí como si nada? La voz de la directora, que además parecía ser la jefa de aquel cotarro, se elevó solemnemente rebotando en las paredes de la sala haciendo que éstas temblasen.
- Hermanas, ha llegado la hora. Las brujas del Clan de la Búsqueda Incesante vienen a por el Libro. En nuestras manos está el huir o combatir. Podemos someter la decisión a votación a mano alzada, pero antes de nada me gustaría saber tu opinión, Margarita.
¿Cómo podían confiar aquellas mujeres confiar en la bruja de Margarita? Eduardo ya tenía respuesta para eso y es que un buen desayuno fortalece las neuronas. Desde el momento en que habían entrado la bibliotecaria y la directora en la sala del siniestro libro de brujería Eduardo había atado cabos y llegado a buenas conclusiones. Aquel grupo de mujeres protegía al Libro que contenía el secreto de la Inmortalidad y otro grupo venía derechito a por él y las consecuencias serían terribles para todos los niños. ¿Acabarían todos dentro de una hirviente olla rodeados por feísimas brujas de incompletas dentaduras? A Eduardo no le hacía ni pizca de gracia pero como sabes los estornudos te suelen pillar desprevenido y a menudo deciden aparecer cuando menos te lo esperas. Pues sí, eso le pasó a Eduardo. Un fuerte estornudo retumbó en la sala alterando a las brujas y por supuesto descubriendo la posición del chico. Rosana hizo un amago de lanzarse hacia él pero Margarita la retuvo.
Para sorpresa de Eduardo, las brujas no se lo comieron ni le lanzaron ningún embrujo de esos que duran de por vida. No. Ni siquiera uno pequeñito. Es más, a pesar de la primera reacción de Rosana (la bruja bibliotecaria a partir de ahora) las miradas de las brujas se suavizaron y les aparecieron amplias sonrisas en la cara. ¿Por qué era todo tan desconcertante?, pensó Eduardo.
- Le habías embrujado con el hechizo Tragapalabras, ¿no es así, Margarita?- preguntó la directora.
- Así es. Fue lo primero que se me ocurrió.
Eduardo oyó algunas risillas pero a él no le hacía mucha gracia sentirse manipulado como si fuera un muñeco de trapo en manos de niñas caprichosas. Y después de unas palabras raras que pronunció Margarita volvió a notar su lengua tan suelta como siempre, dispuesta a hablar de todo, incluso de las brujas.
- Supongo Eduardo- volvió a hablar la directora- que nos podemos saltar las presentaciones, puesto que como sabes no tenemos mucho tiempo. La vida de los niños no sólo de este colegio sino que de la tierra está en peligro y el destino de las brujas es incierto. Necesitamos toda la ayuda que nos puedas proporcionar si decides estar de nuestro lado. Del lado de las brujas que defendemos a todas las criaturas y que a pesar de ansiar la inmortalidad anteponemos nuestro amor a nuestro deseo.
Eduardo se había quedado mudo, aunque no había ningún encantamiento funcionando sobre él ahora. Era libre para decidir y responder a la petición de las brujas. Sabía que era difícil pero en sus planes no entraba aquello de perderse la acción; así que accedió a ayudar a las brujas del Clan del Libro.

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